¿Sabes cuál es la diferencia entre lo temporal y lo eterno?

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¿Sabes cuál es la diferencia entre lo temporal y lo eterno?

Lo primero que quiero resaltar es lo siguiente: vivimos en un mundo donde todo es temporal y tarde o temprano llegará el fin. Aunque estas verdades sean humillantes y dolorosas, es bueno para todos nosotros comprenderlas y guardarla en nuestros corazones. Las casas donde vivimos, los hogares que amamos, las riquezas que atesoramos, las profesiones que seguimos, los planes que hacemos, las relaciones que emprendemos; todo esto solo es temporal. “Las cosas que se ven son temporales”.

Lo que vemos es temporal

¡El orden presente de este mundo es temporal y está pasando! El gran estado invisible de existencia que yace detrás de la tumba, es eterno. Sea feliz o miserable, sea una condición de gozo o de dolor, en un aspecto será totalmente distinto a este mundo: es por siempre. Sea como fuere, allí no habrá cambio, ni decaimiento, ni fin, ni adiós, ni mañanas, ni noches, ninguna alteración ni aniquilación.

Cuando la última trompeta suene, y los muertos se levanten, cualquier cosa que haya más allá del sepulcro, será infinito, interminable y eterno; “Las cosas que no se ven son eternas”.

En primer lugar, fijemos en nuestras mentes que la futura felicidad de aquellos que son salvos es eterna. Aunque no comprendamos mucho de esto, es algo que no tendrá fin; nunca cesará, nunca envejecerá, nunca decaerá, nunca morirá. A la diestra de Dios hay delicias para siempre (Salmo 16: 11).

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Una vez llegados al Paraíso, los santos de Dios nunca más los abandonarán. La herencia es “incorruptible, incontaminable e inmarchitable”. Ellos recibirán “la inmarchitable corona de Gloria”. La guerra habrá terminado; su lucha habrá culminado; su trabajo habrá sido completado. No padecerán más hambre ni tendrán sed. Están viajando hacia “Un eterno peso de gloria”; hacia un hogar que nunca se dividirá, una reunión sin despedida, una familia unida que no será separada, un día sin noche.

La fe será transformada en algo visible y la esperanza en certeza. Ellos verán como habían sido vistos, conocerán como habían sido conocidos y así “Estarán siempre con el Señor”.

No me sorprende que el Apóstol Pablo haya añadido:

Alentaos los unos a los otros con estas palabras. 1Tesalonicenses 4: 17-18

Lo eterno depende del hoy

En segundo lugar: fijemos en nuestras mentes que la futura miseria de aquellos que finalmente están perdidos, es eterna. Esta es una horrible verdad. La carne naturalmente se contrae al reflexionar sobre esto. Sin embargo, las escrituras lo muestra claramente; y no podemos  atrevernos a obviarlo en las predicaciones. Nuestro estado en el mundo invisible de la eternidad depende de lo que somos actualmente. La vida que vivimos sobre la tierra es corta y pasará rápidamente.  Sin embargo, lo corta que sea nuestra vida aquí, y lo infinita que será en el más allá, es un pensamiento extraordinario que en la eternidad depende de este período.

Humanamente hablando, nuestra suerte después de la muerte depende de lo que somos mientras vivimos. Escrito está en Romanos 2:6-8: Dios “recompensará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que por su perseverancia a las buenas obras buscan gloria, honra e incorrupción; pero enojo e ira a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia”

Boleto a la eternidad

El Señor Jesucristo es el gran amigo a quien todos tenemos que acudir por ayuda, tanto ahora como en la eternidad.

El propósito por el cual el hijo de Dios vino al mundo nunca podrá  ser declarado o proclamado  excesivamente. Él vino para darnos esperanza y paz mientras vivimos entre “las cosas que se ven, que son de carácter temporal”, y gloria y felicidad cuando entremos en “las cosas que no se ven, que son eternas”. Nuestro Señor Jesucristo adquirió estos extraordinarios privilegios para nosotros a costa de su propia preciosa sangre. Se convirtió en nuestro substituto y cargó nuestros pecados en su propio cuerpo en la cruz, y después resucitó para nuestra justificación. “Él padeció por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”. Él, quién no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros para que nosotros, pobres criaturas pecaminosas, pudiésemos recibir perdón; y justificación mientras vivimos; y gloria y felicidad cuando muramos.

Fijemos todos en nuestras mentes que el único camino para pasar por “las cosas que se ven”- con comodidad- y esperar “las cosas que no se ven”- sin temor- es teniendo a Cristo como nuestro Salvador y amigo, aferrándonos a él por fe; haciéndonos uno en él y teniéndolo en nosotros, mientras estamos en este cuerpo, viviendo la vida de fe en el hijo de Dios.

Por J.C. Ryle